La
Asociación Cultural de la Costa
Te invita a participar del Mate Temático 2012
El último encuentro del año es el sábado10 de Noviembre
desde las 10 a las 12 de la mañana
En la Biblioteca Popular "Domingo G. Silva"
En San José del Rincón
El tema que abordaremos es:
La Educación en nuestra Costa Santafesina
Herramienta de Conocimiento y Libertad
El Mate Temático, es
una iniciativa abierta de la Asociación Cultural de la Costa, la intervención
en el mismo es libre y por ello es que te invitamos a participar.
Lleven Mate y te sonreiremos si llevás galletas,
bollitos, etc.
Esperamos encontrarte este sábado 10
|
Personería Jurídica: Legajo Nº 4912 - Resolución Nº 031 del 16/2/1996: Este blog tienen el objetivo de publicar temas y trabajos de afiliados o de quien lo solicite para provocar un debate social acerca de aspectos culturales, sociales, éticos, de identidad, políticos que sean de relevancia en la vida de los hombres y las mujeres.
martes, 10 de julio de 2012
MATE TEMATICO NOVIEMBRE 2012
sábado, 9 de junio de 2012
viernes, 18 de mayo de 2012
Cooperación (ante) la emergencia y humanismo
Mate Temático del 12 de Mayo de 2010
Lectura disparadora:Solidaridad y poder comunicativo: La praxis de la libertad en la filosofía política de Hannah Lendt Autor: Carlos Kohn W.
Solidaridad y poder comunicativo:
La praxis de la libertad en la filosofía política de
Hannah Arendt
Carlos Kohn W.
I. PROLEGÓMENOS
El rumbo de la sociedad y sus transformaciones depende, en gran medida,
de ideas y valores que la gente recibe por tradición, o como resultado del
encuentro con lo nuevo. Las maneras de sentir y expresar, o no, lo que se siente, están ciertamente ligadas a criterios que predominan en un marco cultural y en un tiempo determinados, forman parte de nuestra Weltanschaung y se convierten en el prisma a través del cual apreciamos la realidad y nos amoldamos a ella. Sin embargo, no constituyen pautas rígidas ni definitivas. A veces cambian con bastante celeridad; otras, pueden permanecer casi estáticas durante siglos. Pero nunca son inmóviles o inamovibles. Influyen siempre en el ritmo de los tiempos y en el grado de permeabilidad social y personal que estamos dispuestos a recibir de enfoques diferentes a los propios.
Vivir de acuerdo a estructuras mentales y sociales ya consolidadas confiere sosiego y reduce ciertos riesgos, pero no nos prepara para encarar los
cambios inevitables ni para disfrutar la inspiradora incertidumbre que nos
impulsa a navegar en procura de horizontes desconocidos. La placidez con-duce al quietismo. Este genera desgaste; el desgaste, tedio, vacío existencial
y parálisis; la parálisis, frustración; esta última produce resentimiento, resis-tencia al cambio y a quienes lo promueven. No cambiar embota la capacidad
creativa. Donde no hay creación se degrada la vocación humana de soñar,
proyectar, arriesgarse, añadir vivencias profundas e insospechadas al pasaje
del hombre por el mundo. La rutina cómoda, pero deteriorante de la existen-cia, marchita la esperanza y ahonda la distancia entre el hombre y su libertad.
Esta alienación se retroalimenta entre los miembros de la sociedad provocan-do su crisis y colapso. Se experimenta la amarga sensación de que la vida
carece de significado y que la persona debe conformarse con intentar cubrir
sus más elementales necesidades como ser vivo.
Por ello, la facultad de cambiar es importante. Tiene que ver con nuestra
capacidad de asumir nuevas orientaciones para proceder a modificar pensa-mientos y opiniones, conductas y perspectivas ya caducos. Empero, no siem-pre es necesario destruir esquemas vigentes. A veces basta con incorporar
juicios, ideas o ideales que se suman a los que ya tenemos. Sea cual fuese el
caso, para que el cambio sea asimilado positivamente y la praxis humana continúe enriqueciéndose, se requiere, hoy más que nunca, que se afinque con fuerza el sentimiento de solidaridad , entendida ésta como la aceptación irrestricta de que tenemos una responsabilidad colectiva y co-participativa, capaz de generar innovaciones indispensables para una transformación significativa de la vida humana. Solidaridad que debe ser introyectada en la personalidad de los individuos para que éstos aprendan a asumir el deber de compartir un destino común con los Otros .
En el marco de este acercamiento a la idea de solidaridad, George Herbert
Mead fue uno de los primeros en reflexionar acerca de la condición de uni-versalidad que hace posible la comunicación, cuando arguye que la participa-ción, en un universo simbólico común, toma cuerpo cuando el Yo aparece
dentro de la perspectiva del otro generalizado; cuando es percibido como un
Nosotros y asume el rol de producir intersubjetividad 1. Al reconocerse dentro
de la interacción social —y ya no desde la involuntariedad del proceso de
socialización— el sujeto asume la responsabilidadde ser parte integrante de
un espacio cívico común, con el fin de actuar, dentro de esa esfera comunica-tiva, sobre el otro generalizado, en aras del beneficio mutuo; de mejorar la
calidad de vida de los participantes de su comunidad. Este acto de reconoci-miento constituye, por ende, la auténtica asunción de una postura moral por
parte de los sujetos involucrados.
De un modo radical, la acción comunicativa consiste —según Gadamer—
en: «este mantenerse abierto hacia el otro, hacia puntos de vista distintos y
más generales», en la posibilidad de trascender la inmediatez del presente y
adentrarnos en la comprensión de nuestra propia historicidad. «Comprende
—añade Gadamer— un sentido general de la mesura y de la distancia res-pecto de sí mismo, y, en esta misma medida, un elevarse por encima de sí
mismo hacia la generalidad»
El Artículo sigue se lo puede bajar en el sitio La Información Negada
https://sites.google.com/site/lainformacionnegada/Home?pli=1
https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=ZGVmYXVsdGRvbWFpbnxsYWluZm9ybWFjaW9ubmVnYWRhfGd4Ojc1N2JhYmE1ZjBjY2Y4YzU
miércoles, 18 de abril de 2012
MATE TEMÁTICO DEL 14 DE ABRIL DE 2010
TEMA: LA GUERRA EN LA ACTUALIDAD
LECTURA DISPARADORA: reportaje hecho al sociólogo Sygmunt Bauman publicado en la Revista Ñ del 24-3-12
Texto:
LECTURA DISPARADORA: reportaje hecho al sociólogo Sygmunt Bauman publicado en la Revista Ñ del 24-3-12
Texto:
Crear dos, tres, muchos enemigos
Para Zygmunt Bauman vivimos un interregno entre la paz y la guerra donde la
soberanía flota sin ancla y todo puede pasar. En esta entrevista dice que el
humanismo no está de regreso y que las luchas por territorios dieron lugar a
las disputas por recursos.
POR Hector Pavon
Zygmunt Bauman ha vivido gran parte del siglo XX y hoy transita los años de
otro siglo. La mayor parte de sus años vividos transcurrieron bajo un cielo
bélico. Ese contexto ha acompañado su vida personal y lo ha marcado para
siempre. Bauman es un filósofo polaco que nació en Poznan, una ciudad alemana
que se convirtió en territorio polaco al final de la Primera Guerra Mundial.
Luego debió huir de su país en los años 50 cuando el antisemitismo lo
acorralaba. Se refugió en la Unión Soviética y finalmente, recaló, ya en los
sesenta y para siempre en Leeds, ciudad británica con una universidad que lo
cobijó. Con el correr de los años, su pensamiento se afianzó, abandonó los
andamios y se erigió como una estructura segura capaz de soportar el peso de
los procesos políticos y sociales que vivió como testigo y protagonista.
Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds. Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad. Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una modernidad “sólida” hacia otra “líquida”. Al mismo tiempo y hasta el presente se ocupó de la convivencia de los “diferentes”, los “residuos humanos” de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres todos.
En su papel de analista social, económico, político, también se situó como observador testigo de las guerras que vivió. De las que los países por los que transitó afrontaron. En este diálogo por escrito, Bauman disecciona esta era desde la óptica bélica, la de un estado que pasa de la guerra a la paz armada, o de vigilia ante el ataque inminente.
¿Cómo caracteriza a esta era? ¿Es una era de paz, de guerra o una combinación de ambas posibilidades?
Habiendo unas cincuenta guerras en curso, desde Aceh, pasando por todo el alfabeto hasta Yemen, ¿podemos llamar a esta época “una era de paz”? Difícilmente. No obstante, tampoco podemos llamarla una era de guerras. Los conflictos armados en este tiempo tienden a comenzar sin ser declarados y continúan aparentemente en forma indefinida, convirtiéndose en el camino en un “estado normal”.... Terminan lentamente, por agotamiento, por cansancio, por desgaste antes que dramáticamente, mediante conferencias de paz y firmas de acuerdos. Además, la mayoría de las guerras que se libran en la actualidad no se llevan a cabo entre Estados, sino entre las “dirigencias” y los “rebeldes” o entre dos o más partes hostiles del mismo país –regionales, tribales, étnicas, religiosas, ideológicas- cuando no son simplemente pandillas rivales financiadas por fuentes en conflicto.
¿Crear enemigos es parte del juego de la guerra? ¿Es un elemento clave de la naturaleza del capitalismo?
Sí... Además de todos sus fines explícitos o tácitos, las guerras (hostilidades abiertas contra un enemigo designado, derramamiento de sangre, creación de hechos consumados con la esperanza de que lleguen a un punto de no retorno) son una forma importante de asertividad en una campaña hacia el papel de actor importante en el juego de poder. Frederic Barth, gran antropólogo noruego, observó que contrariamente a la creencia general, las fronteras no se trazan (y no se excavan trincheras) debido a las diferencias entre poblaciones vecinas, sino que las diferencias se espían, agudizan y magnifican debido a fronteras que después de haber sido trazadas están exigiendo explicación y consolidación... Mientras que Carl Schmitt, revalorizado actualmente como un importante teórico político del siglo pasado, optó por la “designación de un enemigo” como el acto constitutivo de toda la política y un rasgo determinante de la soberanía política, Carl von Clausewitz sugirió, como es sabido, que la guerra es una extensión de la política por otros medios. Yo me pregunto si el orden ahora no se habrá invertido...
El filósofo italiano Giorgio Agamben dijo que después de 1914 vivimos en un estado de excepción y, por consiguiente, en un estado permanente de guerra. ¿Qué piensa de esa opinión?
En mi vocabulario hay otro término: interregno. Declarar y mantener un “estado de excepción” es una prerrogativa y un signo de un Estado soberano: “interregno” (un término que tomé de Antonio Gramsci) es por otro lado un estado que deriva de una condición con múltiples centros: de una soberanía que flota sin un lugar obvio donde echar anclas y que se convierte en un objetivo en la lucha de poder. Yo reconozco la condición planetaria actual como un caso de interregno. De hecho, tal como postuló Antonio Gramsci, las viejas formas de hacer las cosas ya no funcionan, en tanto todavía no se han diseñado e implementado formas más nuevas y efectivas. El viejo orden fundado hasta hace poco sobre un principio igualmente “trino” de territorio, Estado y nación como clave de la distribución planetaria de la soberanía, y sobre el poder aliado aparentemente para siempre a la política del Estado-nación territorial como su única representación operativa, está muriendo a esta altura. La soberanía ya no está pegada a ninguna de las entidades ni elementos del principio trino; como mucho, está atada a éstos pero sin rigor y en proporciones mucho más reducidas en tamaño y contenido. El supuestamente inquebrantable matrimonio del poder y la política está, por otro lado, terminando en una separación con una perspectiva de divorcio. Por esa razón, justamente, todo puede llegar a pasar en el estado de interregno, mientras que nada puede emprenderse con una seguridad de éxito.
Hay corrientes y filósofos diversos que piensan que estamos viviendo una época en la que ha vuelto el humanismo, donde la persona es el centro de las discusiones. Pero, ¿es posible cuando persisten guerras permanentes?
¿El “humanismo’”ha vuelto? ¿De dónde? En toda la era moderna no se movió demasiado –estuvo constantemente en el horizonte, como un objetivo más que como una descripción del status quo– un ideal todavía no alcanzado pero deseable y deseado y del que se hablaba de la boca para afuera ocasionalmente; pero, al mismo tiempo, mayormente conspicuo por su ausencia de las realidades de la vida cotidiana o con cierta forma de presencia –pero de una manera muy alejada del ideal. Y “humanismo” significa más, mucho más que “poner a la persona en el centro de la discusión”. Significa, como dijo Richard Sennett recientemente, una “cooperación informal, abierta” –un precepto considerado crucial para elevar la integración social desde el nivel de los Estados-nación al de la humanidad planetaria... “Informal” significa: la cooperación no se introduce con normas de procedimiento preconcebidas –las normas para proceder surgen durante la cooperación. “Abierta” significa: ninguna parte considera su posición a priori buena o apropiada, cada parte se abre a los argumentos de ambas partes, acordando tanto aprender como enseñar. Y “cooperación” (distinto de la mera “discusión”) significa que todos los participantes se benefician, en vez de caer en ganadores y perdedores... Este tipo de “humanismo” está actualmente en el horizonte de nuestra interdependencia planetaria –pero repito, hasta ahora no tanto cerca de la realidad como en su horizonte... De todos modos, su presencia no carece de significado: obliga a los agresores militares a pedir disculpas por matar “civiles inocentes”, aunque no necesariamente implique detener la matanza. Las víctimas tienden a ser “justificadas” como “daño colateral” causado inadvertidamente en la lucha por una causa justa...
¿Cómo se expresa la idea de liquidez, en tanto cambio, transitoriedad, en la guerra? ¿O, en realidad, debemos hablar de paz líquida?
En nuestra condición de interregno, la “liquidez” se manifiesta principalmente en lo tenue, lo contencioso y lo frágil de la línea que separa la guerra y la paz, así como también en un carácter “no estructurado” de gran número de hostilidades. Rara vez enviamos hoy ejércitos expedicionarios para destruir al adversario. Tendemos a recurrir a medios más “humanos”, como por ejemplo sanciones punitivas; éstas, no obstante, castigan principalmente a los mismos “civiles inocentes”. Según muchas estimaciones, murieron más niños iraquíes debido a la desnutrición causada por las sanciones impuestas de los que resultaron muertos en el transcurso de la acción de guerra...
Desde la más temprana antigüedad, los países luchaban por territorios. ¿Se podrían imaginar guerras por el agua, distintas clases de energías o el oro, por ejemplo?
Históricamente, sí; quizá, de manera más espectacular en la era de la construcción de país y la soberanía territorial (distinta de controlada a distancia). Pero desde entonces hemos tenido (y todavía tenemos y muy probablemente tendremos) un número creciente de guerras por otros intereses: petróleo, minerales, pero principalmente por la eliminación de líderes políticos “recalcitrantes” o regímenes que tratan de desarrollar una política económica autárquica y resistente a las presiones de los mercados globales y la circulación global de los productos básicos, las finanzas y los capitales. A medida que disminuyen los recursos naturales, el acceso a éstos podría desempeñar perfectamente un rol creciente entre los factores que llevan a la guerra.
¿Qué simboliza la existencia de ejércitos privados operando como si nada en las guerras de esta época?
Lo más seminal y amenazador es la tendencia a apartar del control político (democrático, popular) las acciones militares y la responsabilidad por sus consecuencias; tal vez sea un primer paso hacia la sujeción del uso de la fuerza y el ejercicio de la coerción a las fuerzas del mercado y a los criterios que éstas despliegan y promueven. Asimismo, es un medio de silenciar de antemano el probable disenso popular contra la guerra; cuando mueren en acción, los soldados profesionales por contrato que prestan servicio por su propia voluntad a las empresas que los contrataron muy probablemente desatarían una indignación mucho menor a nivel nacional y provocarían mucho menos resentimiento popular y protesta que los soldados conscriptos llamados a servir al país y que eran sometidos a corte marcial en caso de desobedecer al llamado o si se negaban a prestar servicio. Es probable que la actividad de soldado se convierta en otro empleo voluntariamente aceptado, que traiga aparejados como todos los empleos, sus propios riesgos profesionales específicos... De esa forma se podría extraer el veneno político de los aguijones de la guerra...
Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds. Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad. Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una modernidad “sólida” hacia otra “líquida”. Al mismo tiempo y hasta el presente se ocupó de la convivencia de los “diferentes”, los “residuos humanos” de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres todos.
En su papel de analista social, económico, político, también se situó como observador testigo de las guerras que vivió. De las que los países por los que transitó afrontaron. En este diálogo por escrito, Bauman disecciona esta era desde la óptica bélica, la de un estado que pasa de la guerra a la paz armada, o de vigilia ante el ataque inminente.
¿Cómo caracteriza a esta era? ¿Es una era de paz, de guerra o una combinación de ambas posibilidades?
Habiendo unas cincuenta guerras en curso, desde Aceh, pasando por todo el alfabeto hasta Yemen, ¿podemos llamar a esta época “una era de paz”? Difícilmente. No obstante, tampoco podemos llamarla una era de guerras. Los conflictos armados en este tiempo tienden a comenzar sin ser declarados y continúan aparentemente en forma indefinida, convirtiéndose en el camino en un “estado normal”.... Terminan lentamente, por agotamiento, por cansancio, por desgaste antes que dramáticamente, mediante conferencias de paz y firmas de acuerdos. Además, la mayoría de las guerras que se libran en la actualidad no se llevan a cabo entre Estados, sino entre las “dirigencias” y los “rebeldes” o entre dos o más partes hostiles del mismo país –regionales, tribales, étnicas, religiosas, ideológicas- cuando no son simplemente pandillas rivales financiadas por fuentes en conflicto.
¿Crear enemigos es parte del juego de la guerra? ¿Es un elemento clave de la naturaleza del capitalismo?
Sí... Además de todos sus fines explícitos o tácitos, las guerras (hostilidades abiertas contra un enemigo designado, derramamiento de sangre, creación de hechos consumados con la esperanza de que lleguen a un punto de no retorno) son una forma importante de asertividad en una campaña hacia el papel de actor importante en el juego de poder. Frederic Barth, gran antropólogo noruego, observó que contrariamente a la creencia general, las fronteras no se trazan (y no se excavan trincheras) debido a las diferencias entre poblaciones vecinas, sino que las diferencias se espían, agudizan y magnifican debido a fronteras que después de haber sido trazadas están exigiendo explicación y consolidación... Mientras que Carl Schmitt, revalorizado actualmente como un importante teórico político del siglo pasado, optó por la “designación de un enemigo” como el acto constitutivo de toda la política y un rasgo determinante de la soberanía política, Carl von Clausewitz sugirió, como es sabido, que la guerra es una extensión de la política por otros medios. Yo me pregunto si el orden ahora no se habrá invertido...
El filósofo italiano Giorgio Agamben dijo que después de 1914 vivimos en un estado de excepción y, por consiguiente, en un estado permanente de guerra. ¿Qué piensa de esa opinión?
En mi vocabulario hay otro término: interregno. Declarar y mantener un “estado de excepción” es una prerrogativa y un signo de un Estado soberano: “interregno” (un término que tomé de Antonio Gramsci) es por otro lado un estado que deriva de una condición con múltiples centros: de una soberanía que flota sin un lugar obvio donde echar anclas y que se convierte en un objetivo en la lucha de poder. Yo reconozco la condición planetaria actual como un caso de interregno. De hecho, tal como postuló Antonio Gramsci, las viejas formas de hacer las cosas ya no funcionan, en tanto todavía no se han diseñado e implementado formas más nuevas y efectivas. El viejo orden fundado hasta hace poco sobre un principio igualmente “trino” de territorio, Estado y nación como clave de la distribución planetaria de la soberanía, y sobre el poder aliado aparentemente para siempre a la política del Estado-nación territorial como su única representación operativa, está muriendo a esta altura. La soberanía ya no está pegada a ninguna de las entidades ni elementos del principio trino; como mucho, está atada a éstos pero sin rigor y en proporciones mucho más reducidas en tamaño y contenido. El supuestamente inquebrantable matrimonio del poder y la política está, por otro lado, terminando en una separación con una perspectiva de divorcio. Por esa razón, justamente, todo puede llegar a pasar en el estado de interregno, mientras que nada puede emprenderse con una seguridad de éxito.
Hay corrientes y filósofos diversos que piensan que estamos viviendo una época en la que ha vuelto el humanismo, donde la persona es el centro de las discusiones. Pero, ¿es posible cuando persisten guerras permanentes?
¿El “humanismo’”ha vuelto? ¿De dónde? En toda la era moderna no se movió demasiado –estuvo constantemente en el horizonte, como un objetivo más que como una descripción del status quo– un ideal todavía no alcanzado pero deseable y deseado y del que se hablaba de la boca para afuera ocasionalmente; pero, al mismo tiempo, mayormente conspicuo por su ausencia de las realidades de la vida cotidiana o con cierta forma de presencia –pero de una manera muy alejada del ideal. Y “humanismo” significa más, mucho más que “poner a la persona en el centro de la discusión”. Significa, como dijo Richard Sennett recientemente, una “cooperación informal, abierta” –un precepto considerado crucial para elevar la integración social desde el nivel de los Estados-nación al de la humanidad planetaria... “Informal” significa: la cooperación no se introduce con normas de procedimiento preconcebidas –las normas para proceder surgen durante la cooperación. “Abierta” significa: ninguna parte considera su posición a priori buena o apropiada, cada parte se abre a los argumentos de ambas partes, acordando tanto aprender como enseñar. Y “cooperación” (distinto de la mera “discusión”) significa que todos los participantes se benefician, en vez de caer en ganadores y perdedores... Este tipo de “humanismo” está actualmente en el horizonte de nuestra interdependencia planetaria –pero repito, hasta ahora no tanto cerca de la realidad como en su horizonte... De todos modos, su presencia no carece de significado: obliga a los agresores militares a pedir disculpas por matar “civiles inocentes”, aunque no necesariamente implique detener la matanza. Las víctimas tienden a ser “justificadas” como “daño colateral” causado inadvertidamente en la lucha por una causa justa...
¿Cómo se expresa la idea de liquidez, en tanto cambio, transitoriedad, en la guerra? ¿O, en realidad, debemos hablar de paz líquida?
En nuestra condición de interregno, la “liquidez” se manifiesta principalmente en lo tenue, lo contencioso y lo frágil de la línea que separa la guerra y la paz, así como también en un carácter “no estructurado” de gran número de hostilidades. Rara vez enviamos hoy ejércitos expedicionarios para destruir al adversario. Tendemos a recurrir a medios más “humanos”, como por ejemplo sanciones punitivas; éstas, no obstante, castigan principalmente a los mismos “civiles inocentes”. Según muchas estimaciones, murieron más niños iraquíes debido a la desnutrición causada por las sanciones impuestas de los que resultaron muertos en el transcurso de la acción de guerra...
Desde la más temprana antigüedad, los países luchaban por territorios. ¿Se podrían imaginar guerras por el agua, distintas clases de energías o el oro, por ejemplo?
Históricamente, sí; quizá, de manera más espectacular en la era de la construcción de país y la soberanía territorial (distinta de controlada a distancia). Pero desde entonces hemos tenido (y todavía tenemos y muy probablemente tendremos) un número creciente de guerras por otros intereses: petróleo, minerales, pero principalmente por la eliminación de líderes políticos “recalcitrantes” o regímenes que tratan de desarrollar una política económica autárquica y resistente a las presiones de los mercados globales y la circulación global de los productos básicos, las finanzas y los capitales. A medida que disminuyen los recursos naturales, el acceso a éstos podría desempeñar perfectamente un rol creciente entre los factores que llevan a la guerra.
¿Qué simboliza la existencia de ejércitos privados operando como si nada en las guerras de esta época?
Lo más seminal y amenazador es la tendencia a apartar del control político (democrático, popular) las acciones militares y la responsabilidad por sus consecuencias; tal vez sea un primer paso hacia la sujeción del uso de la fuerza y el ejercicio de la coerción a las fuerzas del mercado y a los criterios que éstas despliegan y promueven. Asimismo, es un medio de silenciar de antemano el probable disenso popular contra la guerra; cuando mueren en acción, los soldados profesionales por contrato que prestan servicio por su propia voluntad a las empresas que los contrataron muy probablemente desatarían una indignación mucho menor a nivel nacional y provocarían mucho menos resentimiento popular y protesta que los soldados conscriptos llamados a servir al país y que eran sometidos a corte marcial en caso de desobedecer al llamado o si se negaban a prestar servicio. Es probable que la actividad de soldado se convierta en otro empleo voluntariamente aceptado, que traiga aparejados como todos los empleos, sus propios riesgos profesionales específicos... De esa forma se podría extraer el veneno político de los aguijones de la guerra...
Extraído de la Revista Ñ del 23-3-2012
jueves, 12 de abril de 2012
sábado, 31 de marzo de 2012
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



