martes, 31 de agosto de 2010

CUADERNOS DE APUNTES Nº 7

EL MUNDO, EN QUE QUEREMOS VIVIR

por JUDITH REYES GARCIA

Hay UN MUNDO que nos está llamando, que nos está necesitando... Ese mundo no está en otro planeta, ni en otro universo. Está aquí mismo, en nuestra imaginación, en nuestras ganas. Está tomando forma, pero necesita más energía para concretarse en el plano material. Si somos capaces de soñar con fuerza suficiente, podremos hacerlo realidad.

La situación internacional una vez mas nos ha hablado de violencia, de codicia, de prepotencia, de embriaguez con el poder. Tal vez lo ha hecho de manera más dramática y total que en ocasiones anteriores.

El pensamiento único pretende imponerse, por cierto, se trata de un pensamiento que no es sólo “pensamiento” (abstracción, conceptos), sino ante todo poderío, materialidad, es decir fuerza, instinto de dominio, violencia, agresión...

¿Qué podemos hacer, nosotros, ciudadanos, habitantes, personas invisibles casi, para resistir, para expresar nuestra voz, para llegar a existir como opinión, como fuerza, como energía transformadora? Por cierto no estoy pensando en algo inmediato, sino en el largo plazo.

Es un tema no menor, en rigor –a mi juicio- es el tema que tiene que ver con la sobrevivencia del planeta y con la posibilidad de una vida cualitativamente diferente.

En este contexto amenazante, he estado haciendo algunas reflexiones que quiero compartir. Voy a conducirme en el siguiente esquema: intento ir enumerando los elementos en que (creo que) se fundamenta el sistema, y luego iré señalando qué alternativa (creo que) tenemos.

Abrirnos a lo femenino

Autoritarismo, dominio masculino y violencia institucionalizada son los tres pilares del patriarcado, sostienen Riane Eisler en “EL cáliz y la espada”.

La violencia institucionalizada puede describirse también, en lenguaje de Franz Hinkelammert, como “lógica sacrificial”: hay entidades que merecen y a menudo requieren, el sacrificio de momentos de la vida o de vidas completas; por ejemplo, la sociedad occidental requiere que todos nos sacrifiquemos para que ella permanezca. Es un concepto que aparece permanentemente en los discursos de estadistas, empresarios y otros personajes: el sacrificio por la patria, por la cultura occidental, por la defensa de la civilización, por el progreso, etc. en particular, es una idea que ha estado muy presente en le contexto de la guerra actual.

El poder como creatividad

Gastón Soublette, hablando de los símbolos que existen en los mitos, sostiene que el tridente de Neptuno, dios del mar, representa el placer, el poder y la vanidad y que estos impulsos habitan la profundidad del inconsciente (del mar en el caso del mito) de todas las personas. En la sociedad enferma o neurótica o alienada en que vivimos, estas fuerzas inconscientes están permanentemente manipulando la vida psíquica y social de las personas. El secreto del psicoanálisis es traer a la conciencia el inconsciente (o la sombra, como diría Jung) para no ser manipulado por éste.

La fuerza dominante es el poder, es la mayor idolatría en que cae una persona, o en nuestro caso, una sociedad o cultura (la occidental o urbano-industrial-tecnológico-militar, como acertadamente decía Juan Pablo Orrego). El extremo es que la vida misma está organizada en función y de supeditada al poder.

En una perspectiva alternativa, al menos hay una dimensión del placer que podemos objetar y es la que tiene que ver con vivenciarlo como egocentrismo, como satisfacción narcisista, como autoreferencia o individualismo. Lo alternativo sería el placer compartido, la celebración comunitaria.

Cuál sería el aspecto positivo, constructivo del poder? Quizás su posibilidad de posibilidad de producir cosas, de este modo, es posible pensar en utilizar y valorar el poder como creatividad, como capacidad de acción con referencia a una comunidad y con una regulación social clara y transparente para todos.

La vanidad la podemos transformar en humildad, a través del proceso de constituirnos en seres humanos centrados, conscientes de nuestro valor a la vez que del valor y particularidad de todos los semejantes.

Todos somos necesarios

Edgar Morin (y esto se puede relacionar con lo que propone R. Eisler) describía al ser humano ideal para la sociedad occidental: burgués, varón, adulto, blanco.

La superación de la sociedad que tienen como protagonista principal al burgués (un egoísta, emprendedor, dominador) no pasa exclusivamente por el proletario (aunque tal vez sí, de manera relevante por la experiencia del mundo popular). Se podría sugerir que el proletario es el par dialéctico que existe siempre junto con el burgués, lo que ofrece el problema de que, eventualmente, construye su identidad sólo en oposición a... (y el “oponerse a...” nunca ha dado buenos resultados, dicen los maestros de artes marciales).

El proletario no sólo es un concepto pensado en oposición al burgués, sino que también suele ser percibido exclusivamente bajo el signo de la carencia. El construir la propia identidad desde la carencia puede conducir a entenderse única o preferentemente como pobre, necesitado, pasivo, víctima.

En un proyecto alternativo todos somos necesarios, varones y mujeres y entre ellos también quienes tienen distintas orientaciones afectivas y sexuales.

Una construcción alternativa solo puede emerger una vez que existan seres humanos que se comprendan y actúen como seres autónomos o autárquicos (superando el “oponerse a...” y el entenderse como “carentes de...”), capaces de constituir comunidades. Por otro lado, a estas comunidades pueden concurrir personas de distinto origen.

Para visualizar y construir una sociedad alternativa, necesitamos explorar y potenciar nuestras capacidades, todas al máximo.

Si la sociedad dominante privilegia a los adultos, en una cultura alternativa hemos de considerar que los aportes de todos son valiosos: niños, jóvenes, mayores. Todas las etapas del ciclo vital tienen su riqueza y su especificidad.

Las diferencias culturales y étnicas no debieran opacar la comunicación humana. Todos los colores, todos los orígenes, distintas sabidurías y visiones de mundo tienen su lugar en una comunidad.

La nueva “tribu”

La sociedad dominante se basa en gran medida, en la familia nuclear(compuesta por padre, madre e hijos), la propiedad privada y la organización socio-política conocida como Estado.

En un proyecto alternativo, la familia nuclear podría dar paso a la familia extendida y, además, a la conformación de pequeñas comunidades de vida unidas por lazos de amistad y fraternidad, no necesariamente por vínculos consanguíneos.

La propiedad privada –o apropiación privada- (de bienes, medios de producción, relaciones humanas) en un proyecto alternativo, podría dar lugar a propiedades colectivas, comunitarias.

Mas aún, sería pertinente problematizar la noción misma de propiedad, tal vez no corresponda emplearla en ese futuro aun no construido, pero que podemos acercar y posibilitar con la visualización. Tal vez debamos hablar de uso de bienes comunitarios, en lugar de propiedades comunitarias.

La organización socio-política conocida como Estado puede ser reemplazada por comunidades autogestionadas, autárquicas, ligadas a otras similares, dispersas en el territorio.

Un todo vivo

La cultura dominante se fundamenta en la separación sujeto-objeto en relación con la naturaleza y con los otros. Considera a los individuos como sujetos y a la naturaleza, las cosas (y en ocasiones a los restantes seres humanos) como objetos.

Sería alternativa una relación entre las personas y con la naturaleza que se fundara en el reconocimiento de la energía vital de todos los seres. Esta energía nos hermana, nos comunica y nos inhibe de establecer relaciones de dominación.

Entre los pueblos originarios, la relación entre los seres hermanos y la naturaleza siempre es intersubjetiva, porque se reconoce que todo lo vivo (todos los seres sintientes, como se diría en la tradición budista) está unido y habitado por la misma energía y en ese sentido, todos los seres vivos son tratados como sujetos y en ningún caso como cosas.

Diversidad y cultura

Existe actualmente una demanda no menos (incluso dentro del discurso oficial) de respecto a las religiones, a la diferencia cultural, a las identidades nacionales. Ello no debiera ser negativo sino en la medida en que, en algunos casos, ya ha desembocado en una absolutización de las “verdades” que ofrece cada religión o cultura.

El respecto a la diferencia cultural tiene como limite la consideración de cada ser humano como único y legítimo. Si hay culturas o visiones de mundo que transgredan este principio, deberían ser superadas o transformadas.

Por y para la vida

La cultura dominante se sostiene, en gran medida, en una ideología bélica, que requiere enemigos para existir y justificarse. Para ello produce armamento e invierte mucha energía en ello: dinero, trabajo, conocimientos, etc. Hay quienes, como Lola Hoffman han hecho notar el aspecto fálico (y por tanto patriarcal) de las armas.

Lo alternativo a las armas sería la creación de herramientas de trabajo, constructivas y de tecnologías al servicio de la protección de la vida y no del culto a la muerte. Actualmente, la mayor parte de las tecnologías se elaboran y perfeccionan en relación con el armamentismo y con el afán de lucro, un ejemplo de ello son las tecnologías de la información (internet en particular). Desde un punto de vista laboral o intelectual en relación con o al servicio de la industria bélica.

Escala humana

La sociedad capitalista occidental mundializada se basa en una escala no humana, en una suerte de megalomanía.

Un proyecto nuevo requiere una escala humana, de comunidades pequeñas, manejables, abordables: ¿quizás, que se puedan recorrer a pie?

Autoridad natural

La sociedad occidental tiene una visión jerárquica de la vida. Es bueno, razonable, lógico, recomendable, inevitable, que existan jerarquías, estratificación.

No necesitamos la jerarquización. La jerarquía es una forma de fetichismo. Lo alternativo sería el reconocimiento de autoridades legitimadas en una comunidad, debido a su experiencia, sabiduría, etc. pero sin incluir una sacralización de la autoridad.

El valor del trueque

El capitalismo actual está basado en la industrialización (aunque ya no es la prioridad) y en la especulación financiera. Hay un culto fetichista del dinero.

En lugar de la industrialización, un proyecto alternativo, puede propiciar un retorno a la agricultura y al trabajo de y con la tierra, un trabajo manual en una escala manejable y con herramientas y tecnologías respetuosas del entorno natural y cultural.

Una alternativa a la sacralización del dinero sería establecer cambios por valores de uso. Ya hay –o más bien permanecen- experiencias de trueque y de uso de monedas alternativas.

El cuerpo como fiesta

La cultura dominante establece y consagra una relación alienada con el cuerpo. El cuerpo es objeto (tanto de placer como de dolor), la salud de cada uno está en manos de otro (el médico, por ejemplo), no de sí mismo; la capacidad y el impulso expresivo están restringidos algunos lugares y ocasiones; la mayor parte del tiempo no somos libres para movernos ni para expresarnos. En relación con esto, los niños son rigurosamente disciplinados para que encajen en este molde.

Necesitamos una nueva relación que reconozca el cuerpo como fiesta, como milagro, como misterio, como posibilidad expresiva y creativa. Es necesario cultivar una relación sana, auténtica, familiar expresiva, dichosa con el cuerpo. Somos cuerpo-consciente, dicen los fenomenólogos.

Podemos aprender mucho de antiguas y nuevas artes corporales como el hatha yoga, el tai chi, la danza...

El trabajo como creación gozosa

La sociedad occidental dominante considera el trabajo como castigo y como búsqueda de satisfacciones materiales, egocéntricas y mezquinas (sólo para la familia nuclear)

En un proyecto alternativo, podemos llegar a vivir la labor cotidiana como creación, alegría y compromiso comunitario.

Colaboración, no competencia

La cultura dominante se basa en –y promueve- la existencia de sociedades capitalistas basadas en la competencia.

Para construir un proyecto alternativo, necesitamos la formación de comunidades solidarias basadas en la colaboración

Visiones que alimentan

La sociedad urbano-industrial-tecnológico-militar está basada en el pensamiento racionalista (por tanto unilateral) de filósofos occidentales como Aristóteles, Descartes, pensadores ilustrados...

Podemos buscar fundamentos para una sociedad alternativa en antiguas sabidurías orientales (budismo, taoismo), en las culturas originarias, indígenas y tribales (americanas, africanas) en pensadores occidentales críticos y renovadores...

Un nuevo paradigma

La agonía de las sociedades patriarcales...

El nacimiento de la sociedad matrística planetaria...

Soñar lo imposible

“una sociedad pacífica y humana” decía Marcuse hace más de 30 años.

En la medida en que pequeños grupos vivencien, experimenten estas alternativas y crezcan, se comuniquen podremos avanzar hacia una sociedad otra.

“Ay, utopía, incorregible, que no tiene bastante con lo posible”

Imagínate...

¿Es posible un futuro así concebido, o imaginado? Mi respuesta, en apariencia absurdamente optimista, es la siguiente: el futuro, antes de existir en la realidad, ha de existir en nuestra visualización, en nuestras mentes, en nuestra intención, en nuestra voluntad. Si allí existe, y comienza a traducirse en una practica, es posible.

La mente (una red mayor), tiene una energía capaz de generar una red de acciones que irá plasmando nuestra imaginación creadora, así nuestra visión podrá generar mundos nuevos, nuevos significados, nuevas formas de organización.

Hay un mundo por cambiar y por cuidar, que nos requiere no sólo en nuestra práctica social, por así decirlo, exterior, sino desde nuestra intimidad.

Judith Reyes García – Revista Uno Mismo N° 237 abril 2003 – pag. 66

ASOCIACION CULTURAL DE LA COSTA

ASOCIACION VECINAL PRO ADELANTOS COLASTINE NORTE

JULIO 2005

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